“No puedo cambiar el hecho de que mis cuadros
no se vendan. Sin embargo, el tiempo hará que
la gente reconozca que mis cuadros valen más
que el valor de las pinturas utilizadas en él”

Vincent Van Gogh


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viernes, 5 de mayo de 2017

Obra comentada: Cristo sobre la piedra fría (1496 - 1497)





Cristo sobre la piedra fría

1496 - 1497. Óleo sobre tabla, 30,9 x 22,7 cm.

En esta obra el rostro de Cristo muestra los rasgos propios del pintor, materializados con una técnica más libre, con los contornos menos definidos, como las tablitas de la primera serie del Políptico de Isabel la Católica, y más en este caso en que se quería acentuar las huellas de la Pasión. La túnica de Cristo en primer plano y sus pliegues irregulares se asemejan a los del manto de la Magdalena en la Cena en casa de Simón del Palacio Real. La forma de representar los árboles se acerca también a esas primeras tablas del políptico, e incluso salvando las distancias de escala, al Ecce Agnus Dei del Museo de Belgrado perteneciente al Retablo del Bautista de Miraflores.



La escena representa a Cristo sentado, esperando la muerte en el Gólgota, junto a la cruz vacía y las vestiduras de que le han despojado los sayones. Es el tema iconográfico conocido como Cristo sobre la piedra fría (confundido en ocasiones con el Ecce Homo, en el que Cristo está junto a Pilatos a las puertas del Pretorio), más empleado en la escultura que en la pintura, donde casi resulta excepcional. Éste es uno de los primeros ejemplos conocidos en pintura, lo que demuestra una vez más la originalidad de su autor al traducir los temas sacros. Juan de Flandes presenta a Cristo totalmente desnudo, sin perizonium, supliendo su función con la posición de las piernas y las manos, particularmente la izquierda, con el dorso sobre el muslo y los dedos encogidos. El modo en que muestra a Cristo, con las manos atadas, la cuerda rodeándole el cuello, la corona de espinas, el rostro sumido en sus pensamientos con expresión atormentada y el cuerpo en tensión esperando la hora de la muerte para que se consume la Redención, convierten esta obra en una imagen de devoción. Cristo aparece ante nosotros con las huellas de la pasión en su cuerpo, alejado del primer plano y con una escala reducida en relación a la naturaleza que le rodea para acentuar aun más la sensación de soledad (Texto extractado de Silva, P. en: Memoria de Actividades 2014, Museo Nacional del Prado, 2015, pp. 28-30).

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